Puedo confesar que fui feliz, enredada entre tus hilos de ironías. Puedo decir que mirarte a los ojos era apostar a cortar mi respiración por breves momentos, como si fueras dueño de la ósmosis de mi cuerpo.
Si vos así lo decidías, podías parar mi pulso, crear mi llanto, romper mis carcajadas y quebrar cada centímetro de mi piel, tan solo, con resoplar sobre mí.
Puedo confesar que aún sigo siendo un tanto masoquista, porque sigo queriendo ese daño que me provoca recordarte tendido a mi izquierda, susurrando en mi oído palabras que nunca logré escuchar, y que a veces las siento en mis sueños.
Puedo sentir, como, aunque ya no estás cerca, controlas mis latidos.
Si vos así lo decidías, podías parar mi pulso, crear mi llanto, romper mis carcajadas y quebrar cada centímetro de mi piel, tan solo, con resoplar sobre mí.
Puedo confesar que aún sigo siendo un tanto masoquista, porque sigo queriendo ese daño que me provoca recordarte tendido a mi izquierda, susurrando en mi oído palabras que nunca logré escuchar, y que a veces las siento en mis sueños.
Puedo sentir, como, aunque ya no estás cerca, controlas mis latidos.