viernes, 26 de septiembre de 2014

El temblor.

Tiemblo porque afuera hace frío y adentro hay un fuego poderoso.
Tiemblo porque soy miedo y quiero saltar al vacío.
Tiemblo porque pensé que estaba muerta en esta vida y era mentira,
estoy mas viva que nunca.
Tiemblo porque tengo ganas,
porque me sonrojo con tu voz,
porque desperté y vi luz.
Tiemblo porque es extraño y me gusta,
porque lo rechazo y me atrae el doble.
Tiemblo porque lo siento nuevo, porque soy crédula,
porque, porque quiero y quiero con fuerzas.
Tiemblo porque quiero creer y caigo y me levanto
y me cura las heridas.
Tiemblo, y me abraza, hasta que pase el temblor.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Carta I

Querido:
              Sé que hace tiempo no cruzamos palabras, que hace tiempo no utilizo parte de mi tiempo para sentarme y escribirte otra triste epístola. Sé que hace ya, algunos meses he dejado de pensarte tanto como antes... antes, cuando pensarte era una necesidad como lo es respirar, pero ahora mis aires son diferentes, aunque te siga amando.
             Sé que siquiera he sido capaz de contarte que llegué a la meta: volver a mí misma. Sé que siquiera quise pensar que todo fue obra tuya, ¿o del destino? No importa, es una buena jugada.
            Entonces, debo decirte que es diferente, que habla diferente, besa diferente, sus ojos son totalmente contradictorios. Casi puedo comenzar a descifrarlo a través de señas, casi que puedo entenderlo con los ojos cerrados. Él ama diferente, pero, ama, ¿no es eso ya suficiente? He llorado en sus brazos, he reído a carcajadas hasta que el estómago empieza a doler. Comienzo a sentirme fuerte a su lado, aunque me muestre débil para recibir su cuidado. Es alguien antagónico a lo que eras, es alguien opuesto a lo que buscaba, pero, es real, quiere, siente, cuida, se preocupa... está acá, ahora. No quiero dejarlo ir.
           Entonces debo admitir que le hablé de nosotros, de vos, de mí. Le conté los límites de mi alma, y despacio, con cuidado, los va borrando; los comprende, nos comprende. Gracias.
           Entonces, debo decirte que lo quiero, lo quiero aunque sé que el tiempo es tirano y escaso y aunque el terror me invade a cada segundo, no quiero evitar sentir. Tiemblo de miedo, pero no me importa. Es un poquito de luz después de haber andado tanto tiempo en la oscuridad.
           Sé que hace ya muchos días que no cruzamos palabras... bueno, que no te las dedico. Sé también que hay algo dentro que me dice que estás huyendo de mí, para llegar a tu cielo, para volverte otra estrella más. Sé que todo esto lo hiciste para ambos. Tu alma es libre ahora, los recuerdos los guardaré por siempre en alguna parte remota de mi cuerpo, donde pueda ir en viajes veloces a recordarte, a abrazarte, o simplemente a mirarte.
           Entonces, querido, prometo escribirte más seguido o susurrarte palabras en el viento, sólo para agradecerte y decirte, que él me hace feliz. Soy feliz.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Inseguridad.

Es caótico mi entorno, siempre oscuro y tormentoso. Lleno de temores y agresiones, siempre tan violento, siempre tan cruel.
Es tanta la paz que me da tu luz que el dolor se amaina cada vez más cuando la siento. Es alegría que disipa los males, las agujas en mis sienes, el pánico se detiene.
Es tan grande el miedo que siento cuando no estás que me ciego. Tropiezo, titubeo, cometo errores, rompo todo a mi alrededor. Genero mas caos.
Caigo en un espiral sin fin de desconfianza e inseguridad por saber si volverás... y siempre vuelves. Al menos ahora, vuelves. No quiero perderte.