domingo, 21 de septiembre de 2014

Carta I

Querido:
              Sé que hace tiempo no cruzamos palabras, que hace tiempo no utilizo parte de mi tiempo para sentarme y escribirte otra triste epístola. Sé que hace ya, algunos meses he dejado de pensarte tanto como antes... antes, cuando pensarte era una necesidad como lo es respirar, pero ahora mis aires son diferentes, aunque te siga amando.
             Sé que siquiera he sido capaz de contarte que llegué a la meta: volver a mí misma. Sé que siquiera quise pensar que todo fue obra tuya, ¿o del destino? No importa, es una buena jugada.
            Entonces, debo decirte que es diferente, que habla diferente, besa diferente, sus ojos son totalmente contradictorios. Casi puedo comenzar a descifrarlo a través de señas, casi que puedo entenderlo con los ojos cerrados. Él ama diferente, pero, ama, ¿no es eso ya suficiente? He llorado en sus brazos, he reído a carcajadas hasta que el estómago empieza a doler. Comienzo a sentirme fuerte a su lado, aunque me muestre débil para recibir su cuidado. Es alguien antagónico a lo que eras, es alguien opuesto a lo que buscaba, pero, es real, quiere, siente, cuida, se preocupa... está acá, ahora. No quiero dejarlo ir.
           Entonces debo admitir que le hablé de nosotros, de vos, de mí. Le conté los límites de mi alma, y despacio, con cuidado, los va borrando; los comprende, nos comprende. Gracias.
           Entonces, debo decirte que lo quiero, lo quiero aunque sé que el tiempo es tirano y escaso y aunque el terror me invade a cada segundo, no quiero evitar sentir. Tiemblo de miedo, pero no me importa. Es un poquito de luz después de haber andado tanto tiempo en la oscuridad.
           Sé que hace ya muchos días que no cruzamos palabras... bueno, que no te las dedico. Sé también que hay algo dentro que me dice que estás huyendo de mí, para llegar a tu cielo, para volverte otra estrella más. Sé que todo esto lo hiciste para ambos. Tu alma es libre ahora, los recuerdos los guardaré por siempre en alguna parte remota de mi cuerpo, donde pueda ir en viajes veloces a recordarte, a abrazarte, o simplemente a mirarte.
           Entonces, querido, prometo escribirte más seguido o susurrarte palabras en el viento, sólo para agradecerte y decirte, que él me hace feliz. Soy feliz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario