lunes, 10 de noviembre de 2014

También estoy sola.

También estoy sola... sí. Estoy sola en mis silencios, tan profundos y confusos, en mis gritos desesperados y agonizantes. Estoy sola, cuando por las noches la cama simple, se hace triple y un frío exagerado me atrapa por las rodillas... estoy sola cuando me abrazo a la almohada también.
A veces, el desayuno no está hecho, y me complazco mis propios gustos, pero la comida sobra, y el desayunador se torna inmenso, y el departamento cruel y silencioso, como en una película de suspenso.
A veces, los paseos son a mi elección, por supuesto, si los musicales me encantan, pero las filas se multiplican de manos tomadas, de cinturas rodeadas, de imitaciones baratas de canciones de amor, y otra vez me siento sola.
Alguna vez, el trabajo va muy bien, los estudios, los esfuerzos, resultan, y salir a festejar es la mejor parte cuando llega un viernes y el sol cae. Y me peino el cabello, resalto mis ojos, subo unos cuantos centímetros, (intentando acariciar estrellas) y me vuelvo hermosa. Volteo al espejo y soy hermosa. Salgo a la calle, y me siento hermosa, pero también estoy sola, y siento miedo de salir. llego rápido a un bar, algunos se rozan las mejillas, otros rien a volúmenes por demás molestos, pero ríen. Otros tantos, nos sentimos solos y nos conglomeramos en la barra. 
Asientos individuales, hombros exhaustos, cabezas bajas. Piernas lustrosas, largas y demasiado accesibles. Mirenlos ahí, tantos de ellos, hombres, mujeres, por docenas, solos. 
También estoy sola. Cuando abro la puerta de mi casa, la oscuridad se vuelve inmensa. No hay palabras de recibimiento, ni abrazos en la cama, ni besos en la ducha, ni juegos en el desayuno. Me encuentro sola, como tantos miles y miles y miles y miles...