miércoles, 18 de noviembre de 2015

- Desamor.

No hagas silencio; al menos no ese silencio rotundo y aniquilador que atraviesan estómagos y se anudan con nudos marineros, de esos nudos que sólo se desarman con gritos t lágrimas.
No me mires con esos ojos, tan vacíos; como si por dentro nada viviera, nada sintieras.
No me mires con indiferencia, con la mente lejos y el corazón despojado de amor.
No me toques si en tus la no sólo hay espinas y únicamente logras hacerme sangrar y huir de tus caricias.
No me hables si tus palabras no son sinceras, si escupes veneno cuando dices 'te amo', si pretendes ahogarme en tu mar de oraciones oxidadas en vez de dejarme flotar armoniosamente sobre el mar de tus emociones más dulces.
No quiero que me ames asi. No.
Porque prefiero mil veces vivir viendote feliz en la lejanía, a que me quemes con tu mal fuego y tu desamor al alcance de mis manos.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Me AMA!

Me había enamorado de una traidora. Su corazón era imparcialmente mío, sus labios, no tenían recovecos inexplorados. Así era mi forma de verla.
Impaciente, mi pie golpea contra el suelo si se retrasa un minuto más de lo pactado en llegar. 
Impaciente mi mente comienza a recontar cada historia contada entre risas, cuando aún no ocupaba gran espacio en mi vida, ni yo en la suya...bah, creo que sigo ocupando el mismo sitio.
Insoportable, recuerdo los nombres de aquellas personas que la exploraron por primera vez y que de seguro ella confunde. Pienso si algo del pasado la retuvo y por eso es impuntual.
No, me ama. ES SEGURO. ME AMA. Respiro, el aire llega de nuevo a la cabeza. 
Llega de punta en blanco, y para mi sorpresa veo purpurina en sus pupilas. Son dos astros que como el sol, hacen dar vida a este cuerpo. ¿Cómo puedo dudar de ella si no hay duda que la luz se enciende en ambos sólo al reflejarnos el uno en el otro?¿Cómo dudar de esa sonrisa implacable que alivia la impaciencia mas perspicaz? Su sonrisa imperfecta era un baldazo de paz en bajando por cada centímetro de mi espalda.
Me ama. Eso es certero. 
Impaciencia, eso siento. Pero cuando toco sus manos, sé que aunque no tenga paraísos sin descubrir, en su alma mi huella es la primera.
Me había enamorado de una traidora, que me entregó su corazón, imparcial e incompleto, emparchado y soñador. Que, quizás sus labios fueron mordidos por otras pasiones, pero que los míos grabaron a fuego sin más.
¿He dicho traidora? Lo cierto es que me ama.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Danza de flores.-

Todos a su alrededor danzábamos. Todos en un círculo de gloria, bailábamos en torno a su cuerpo. 
No era primavera pero de igual forma flores lo abrazaban con su mas reciente frescura. En un intercambio de quienes nacen y quienes mueren, por ley natural, sus pétalos tibios simulaban devolverlo a la vida mientras coronaban su partida. Aún tardaba en llegar la primavera y el invierno quiso llevarse otra alma en su frío concluir. 
Los recuerdos, espiralados, lo sumían en sus últimas exhalaciones, en un profundo recordar de soles vistos y vientos soportados, de caos y placeres. Lo llenaban por última vez, de paz y satisfacción antes de vaciarlo por completo. De apagarlo para siempre.
Su luz de a poco iba reduciendo, y dejamos de danzar para sumirnos en silencio de gusto amargo, para respetar con esa misma intensidad con la que se repudia a la muerte que todo lo quita y que todo lo hace nostalgia, el final que tanto se teme y que tanto postergamos.
Ahora su cuerpo era mármol frío y tieso, y de a poco las flores fueron cubriéndolo, protegiéndolo de otra salida de aquel febo que no apreciaría. 
Sentada en sus pies, susurro canciones para despedirme, y ya no danzo. Sólo canto. Sólo miro hacia arriba, en un ámbito oscuro, solitario. Me despido, con la dulzura de una balada, triste, pero sincera, como quien sabe que esas despedidas son necesarias pero no eternas, de compañeros inolvidables, de compañías que dejan huellas... y las flores siguen cubriendo tu piel impenetrable.
Ya no hay danzas, ni círculos de gloria. La gloria es tu nombre y tu paz  que encontraste caminando con el invierno por algún sendero soleado.

lunes, 3 de agosto de 2015

El principio y el fin.

Fue una noche oscura de invierno. El invierno no me sacudía de los huesos, pero en la piel podía sentir que algo  de frío me acariciaba. Quizás por eso quise contemplar la noche estrellada, quizás porque tenía los huesos libres de ataduras.
Me senté en una vereda cualquiera, la gente pasaba caminando con sus pasos trémulos, por aquellas calles que demandan caminarlas suaves y lentas. Me miraban al pasar, eran ráfagas de pupilas sigilosas que se posaban un instante en mí, contemplando las estrellas, sus pasos, las luces, el invierno. Y entonces la vi.
Caminaba a destiempo entre tanto temblor de paso breve y acelerado. Se mecía por la calle, cual hoja atrapada por remolino de viento, como si quisiera robarle el azul profundo al cielo.
Sabía que sus ojos risueños no pertenecían a nadie. Porque así son esas personas, aquellas que se dejan llevar por el aire, como queriendo arrebatarlo todo, sólo para saber como se siente, y luego devolverlo todo a su lugar, sintiéndose mágicos para siempre por haberle sacado un poco de su fuego al sol,  o la calma al mar del verano.
Ella no era de nadie, siquiera de ella misma. Era de su propio latir, de su propia pasión.
La amé. 
Desde aquel instante que la vi supe que la amaba. También supe que era fugaz, que eso era todo, el principio y el fin.
Un rubor le acaloraba las mejillas, y ahí envidié al mismo frío por poder rozar sus mejillas. 
Y entonces sucedió. No fui consciente de cuanto tiempo exacto me perdí en su danza de viento, ni cuanto tiempo abandoné mi admiración por las estrellas. Sus ojos se cruzaron con los míos y no fue una simple mirada. Me anclé a sus ojos, y fue evidente que su hermosura lo supo. Sacudió su mano y fui condescendiente al saludarla de la misma forma. Quise hablarle, pero siguió tratando de alcanzar la luna, en su ráfaga de viento.

miércoles, 8 de julio de 2015

Un jazmín ya no es lo mismo.

No podría decirte que he dejado de amarlo, porque el amor no es una elección ni una obligación, sino algo que va subiendo por el cuerpo como una planta de ramas envolventes, es un olor que de repente te hace necesitar a aquél que dejaba un huequito en la almohada, es un papel con la letra conocida que te pega como un golpe en el estómago.
Lo extraño.
Sin proponérmelo, su recuerdo me inunda.
Estoy pensando en cualquier cosa, y él ocupa mi pensamiento, se apodera de todas las imágenes, hace con ellas bollos de papel y las arroja al cesto.
Cada uno de mis sentidos lo necesita vivo.
Mi vista quiere verlo llegando por la calle, doblando la esquina con su paso seguir, su camisa impecable, su corbata refinada, sus zapatos lustrados, tan totalmente reconocible entre toda la gente, tan él, tan esperado a las siete de la tarde.
Mi oído quiere escuchar su voz.
No importa lo que diga. Su voz. Ese sonido que lo identificaba, que era el envoltorio y la médula de sus palabras, las de la suavidad y la de los enojos, las de los largos discursos aburridos y las de la gracia que me arrancaban la risa.
Mi gusto quiere la tenue sal de su piel. Y toda aquella gama infinita del sabor de las comidas que le gustaban: compartir una cena con velas en la mesa, un almuerzo bajo el sol, las pequeñas magias qye conseguía con una pizca de pimienta y un pollo asado con paciencia sobre las brasas: "Nunca vas a comer un pollo igual, porque yo le pongo un ingrediente único, le pongo amor."
¡Oh, Dios mío, él me hace falta en todas partes! Hasta en el hambre me hace falta, porque desde que no está no he vuelto a sentir hambre, aunque pase días sin comer.
Nada sea lo mismo ahora.
Un jazmín no es lo mismo.
Que me perdonen los jazmines, pero qué caso tienen los jazmines, si los cortan mis manos, no las de él.
Tengo la casa llena de floreritos con jazmines que parecen luceros, y sin embargo no me hacen esbozar una sonrisa.
Él les ponía el alma, que les falta.
Dirás que tengo que resignarme, que debo acostumbrarme, que tengo la obligación de la esperanza, que no soy la única persona que ha perdido el amor, la compañía, la pareja querida...Dirás que no puedo darme por vencida, que debo encontrar fuerzas para no estar vacía como una casa en venta, que se descascara.
Sé que tu amistad me acompaña.
Sé que lo deseas por mi bien.
Te creo.
Pero no puedo.
Lo intento. Lo intento. Trato...
Pero nada me entusiasma de verdad.
Nada me interesa verdaderamente.
Nada me importa del todo.
Me canso, me distraigo, me quedo con la mirada perdida, mirando sin ver...Y cuando me hablan, no oigo la frase entera... a veces apenas si el comienzo o el final...y respondo con monosílabos, sin saber qué estoy diciendo en realidad, a qué le digo "sí", a qué le digo "bien", a qué le digo "no".
Mi situación es difícil.
No puedo cansar a la gente llorando en su presencia, porque la gente se asusta muy rápido del dolor y la tragedia.
Se asusta de las mismas confidencias, iguales, repetidas.
Se asusta de alguien que no tiene ganas.
Se aterroriza de verse en un espejo oscuro, como es, todavía, el espejo de mi corazón: un cuarto de negras paredes, sin eco, sin una pequeñísima lamparita.
Por eso llamo a mis amigos.
Y cuando los llamo o cuando me llaman, no me pongo a gritarles que lo extraño, que no puedo más, que vengan, que estoy sola y que si sigo tan sola me convertiré en una piedra del desierto, en una islita que el agua del océano hará desaparecer...
Ellos tienen sus propios problemas, y me da miedo cargarles los míos.
Los amo. Amo a mis amigos y me cuido muy bien de no entristecerlos.
Si mis amigos se ponen tristes, no tendré ya ni un laguito de donde sacar unas gotitas del agua dulce de la alegría.
Una salpicadura cada tanto, como esos jueguitos infantiles del carnaval...
Mis amigos...Claro que los amo.
Son lo único vivo que me pasa.
Son mi elección.
Ellos también me han elegido entre muchísima gente.
Nos ha acercado Dios.
Y los quiero: cerca.
Los pocos que no huyeron. Los pocos que me tuvieron tomada de la mano para que no me hundiera.
Cálidas manos vivas que me mantienen vigente mi contacto con la vida.
Cuánto les agradezco. Y cuánto miedo tengo de que mi verdadero rostro de pesar los aleje.
Por eso te lo digo a vos, en vez de confesarme con ellos.
Te digo que no dejé de amarlo.
Que el amor no se entierra con los muertos.
Que el amor continúa como el agua y el aire.
Que el amor no se cansa, no se rinde su plaza, no depone las armas, no se resigna, no palidece, es una copa llena.
Bebo de esa copa. Pero bebo sola. No brindo.
Bailo con un recuerdo.
Hablo con un recuerdo.
Hablo y me contesto con las palabras que él hubiera dicho para responderme.
Tecleo mi máquina de escribir. Invento historias de amor.
Por un ratito soy la protagonista de cosas bellas, pero pasan las horas y vuelvo a los interrogantes, a las dudas, a las indecisiones.
Se me sale el camino debajo de los pies.
Se me muere el sol.
Se silencia la música.
Se apaga la llama.
Se secan las hojitas nuevas que parecían comenzar a brotar.
No hay playa.
No hay puerto.
No hay barco.
No hay mar.
Y no hay sueño que me haga dormir, ni canción que me acune, ni bebida que apague mi sed. Y no hay pan, ni azúcar, ni luna. Nada hay que me conforme, que me ayude, que me ampare.
Lo extraño.
A vos te digo que lo extraño.
A vos te pido que reces conmigo para que Dios se apiade y le dé un poquito de paz a mi alma.
Que reces conmigo para que los jazmines dejen de ser flores de papel blanco en los floreros de mi casa. Y uno, aunque sea uno, perfume mi corazón.

Poldy Bird.

viernes, 3 de julio de 2015

Siesta.-

Nuestras espaldas rosaban, sentía cosquillas. Saltaste sobre mí para inundarme de caricias y besos, nadie como vos sabe hacerlo mejor.
Lograste evadir todo ruido molesto y papel desparramado de esta gripe que me sorprendió a comienzos de semana, y me ancló a la cama pesarosa. 
Fue necesario un par de horas para que me extrañaras y empezaras a buscarme y me encontraras. Y me cuidaras. 
Guardián guerrero, siempre a mi lado.
Te acurrucaste a mi lado y el sol comenzó a caer. Tu espalda me acariciaba tímida pero constante. Relajada.
Juntos, posando la cabeza sobre la almohada, lograste conciliar mi sueño con tu simple calor, y me di cuenta, te extrañaba acá, conmigo. 
No pierdo momento para abrazarte, no pierdo instante para decirte lo mucho que te amo. 
No pierdo el momento para acurrucarme con vos y soñar un rato, nunca más.
Un beso algo áspero en la frente, y con una sonrisa, la siesta había terminado.
Ambos miramos por la ventana lo azul que se había puesto el cielo, mientras mi mano acariciaba detrás de tu oreja, e incesante entrecerrabas los ojos en ese azul profundo, cada vez, mas profundo.

viernes, 19 de junio de 2015

Neblina.

¿Es que acaso no logras verme corriendo entre esta neblina? Allá a lo lejos puedes distinguirme, sí, ¡casi lo logras! ¿No puedes verme corriendo de mi propia sombra? ¿Sombras entre tanta oscuridad? Claro que no son imposibles, siempre están allí aunque no haya sol que las cree. Hasta de noche las siento, acariciando estrepitosamente la espalda en una ráfaga con olor putrefacto.
.¿Es que todavía no logras encontrarme? He aprendido a esconderme bien, pero siento que no es suficiente este agujero negro donde desaparezco. Creo que debería cubrirme con algo la mente, porque ellos pueden sentir como pienso, pueden leerme como un papel , como un libro abierto. ¡YA NO SÉ COMO ESCAPAR!
VAMOS, ¿TODAVÍA NO ME HAZ VISTO?¿CUANTO MAS TENGO QUE ESPERAR PARA SENTIRME A SALVO DE AQUELLOS FANTASMAS? Desespero...
Estoy apretando los ojos, quizás me puedas distinguir entre los demás que se esconden por eso. O tal vez puedas diferenciarme, soy aquella que contiene la respiración y cuenta hasta 10, varias veces para estar segura...vamos, te estoy esperando.
¿No puedes ver que no es suficiente? Necesito que me abraces en mi escondite, y me hagas sentir segura. Y real, normal. Necesito parar de huir. 
Por favor, encuentrame antes que ellos puedan oír que estoy muy triste de que no me encuentres, y lleguen primero y coman mi carne y pensamientos, y dejen de mi solo un costal de huesos.
Guíate por mi perfume y el rastro helado de mi cuerpo. Por favor, apúrate, que estoy perdida, cada vez es más oscuro y tengo cada vez mas miedo...

miércoles, 29 de abril de 2015

Infectado.

Intento ser sincera con  las palabras que poso sobre este invisible papel. Quisiera que fuera real algo, simplemente poder tocarlo. No lo es. Realmente siento que poco de lo que me rodea es real, como si cada cosa que debería simplificarme la vida, es lo que la vuelve mas volátil, menos veraz.
Sincera, intento ser certera con las palabras, tratar que ellas remedien las cosas. Son el único intermediario entre mi cuerpo y error, tu dolor y tu ser. ¿Qué tan difícil puede ser deshilachar la tela de culpa que se teje tensa entre ambos? es un tire y afloje que no debería siquiera existir, y vaya casualidad, también es invisible.
¿Cómo demonios algo invisible puede ser tan fuerte como para separar cuerpos físicos, sustancias y moléculas?¿Cómo logra herir tan profundamente algo que siquiera somos capaces de palpar?
Quisiera poder tocarte en aquel sitio infectado, sólo una breve caricia, poder ayudar...apenas si volteas a verme...ah...
Siento el aire cortarme la cara en dos, el corazón un rasguño...el estómago una puñalada. Algo me invita a reposar lejos de tus brazos.
Intento poder ayudarte con estas simples palabras, tampoco pueden ser físicas. ¿Será que a pesar de todo, lo sigiloso es lo mas poderoso?¿Será que son indestructibles cosas como el odio, el amor, la angustia?¿Será que el corazón escribe tan bien que no soy capaz de hacerme dueña de sus frases, de sus súplicas y juramentos? Sólo quiero repararte...porque te he perdido.

sábado, 14 de marzo de 2015

Noche.

Su mano posaba trémula en mis caderas desnudas. Sentía el peso allí, ese peso amorfo pero cariñoso, de piel sudada y fría; su cuerpo relajado al fin, suspirando resonante sobre mi nunca. 
El sueño no me atrapaba aún y no lograba escabullirme de ese brazo que me atrapaba. Elevé la vista y por la ventana logré ver la noche, recién salida, reluciente, alunizada, esplendorosa...increíble. Era magnifica y lejana, era todo lo que siempre quise ser y no lograba. Era por lo que luchaba mi ser, lo que gritaba por dentro.
Su mano me sostuvo con mas fuerza tras un lento exhalo de alma que dejé escapar. Tuve que mirarlo porque no lo creía. Ya no sonreía de manera pícara, su cara plasmaba niñez y ternura; ya no era ese hombre masculino, poderoso que momentos antes había posado sobre mí su expresión máxima de masculinidad, su voraz amor, intenso, un tanto rudo pero cuidadoso...ya no era ése, quien me había tomado en sus brazos y había arrastrádome hacia el infierno con deliciosa lujuria. No. Había cambiado. Su expresión era un tanto aniñada, dulce. Sus ojos cerrados me inspiraban amor, alineados con sus labios. Su cuerpo en posición fetal, me invitaba a acariciarlo, pero él no resistía las cosquillas que provocaban mis dedos. Ese cuerpo, tan grande, tan pequeño. Tan preciosamente recostado, sujetándome la cintura ahora, como si miedo tuviera, ese hombre que ahora es niño y no lo sabe, ese hombre que me ama y lo grita al mundo. Ese ser, que pareciera ser diferente en horas distintas...ése, es a quien amo. No me resisto, su frente me invita a surcar un beso, suave, lento...cierro los ojos, los aprieto con gran fuerza...me recuesto nuevamente y choco con sus pupilas.
Está despierto, (o eso creo) suspira una palabra bonita mientras se acurruca sobre mi minúsculo pecho. Siento su calor, su boca me besa, justo donde llega, en algún centímetro de piel.
Y entonces veo que brillo, estoy llena de estrellas. Al fin el grito se hizo carne, soy noche junto a él.

domingo, 8 de febrero de 2015

Noches de temblores.

Y en el medio del desvelo, entre toda la asfixia y el revuelco de mi espina dorsal, recordé. Recordé que las noches también dan miedo y que el viento apabulla mentes con su aire revoltoso, que trae momentos viejos al presente, que no sólo pueden paralizarnos, si no también dejarnos en vela. Recordé que los cuerpos, amorfos, sedados como por un extra de satisfacción, pueden arrancarnos mas sonrisas y sueños en la mente, que un beso lujurioso. Pude sentir, como vívido presente cómo el sol también hubo de quemar mi piel, cómo hubo de molestar a mis ojos, cómo en momentos lo adoré por ayudarme a distraer esta mente un tanto paranóica y como dias lo detesté por estar privada de su belleza.
Cuando el cuerpo sucumbe, ya no recordaremos nada, ni cuanto amamos caminar bajo la lluvia que parece derretir nuestro cuerpo, cómo odiamos no poder abrazar a alguien algún tiempo, cuanto extrañamos el olor a otoño, ni cuanto añoramos un beso...porque cuando el cuerpo cede, cuando al fin se entrega al placer del mundo onirico, ya nada importa y nuestro cuerpo parece separarse en dos, como un plástico que se despega de una superficie e ingresa a un mundo donde cada fantasía es posible, donde lo real es ahora lo que, en el fondo, reprimimos.
Y ya nada asusta, y el cuerpo no se sacude, puede al fin descansar.