martes, 16 de diciembre de 2014

La piedra.

Tropezar con la misma piedra es instintivo. Si, ya sé, sé que uno debe tal vez ser perceptivo, rodear la piedra, ahorrarse la caída, la agonía del golpe y la cicatrización. Lo cierto es que cai; cai de nuevo y ahora estoy tendida en un bosque que cada vez es mas oscuro, donde el sol siquiera asoma. Hay un grupo de animales salvajes pero a la vez dociles que se acercaron ante mis quejidos, pero al pasar las horas aquellos animales, mi única compañía, fueron transformandose en lobos cazadores, hambrientos, dañinos, que solo tironeaban de mis ropas y lastimaban un poco mi piel. Hubo uno, ah... No voy a olvidar el dolor que me produjo aquel animal. Cuando apenas hube caído aquel animal lamio mis raspones, me ayudo y acompañó cuando intente ponerme en pie. En las noches frias y temerosas acompañó cada terror que me invadia y lo echaba lejos, me protegia. Era un pacto leal entre dos seres diferentes pero que se necesitaban. Pero entonces, hubo un dia en que en mi mente volvió un recuerdo de felicidad, amor. Amor estaba esperandome, buscandome. Amor quería cuidarme y enseñarme cosas nuevas. Pasaba horas pensando en aquella ilusión, en esos brazos y en sus palabras; el animal se convirtió en fiera la noche mas oscura que pude recordar. Mordio mi hombro izquierdo, como si intentara arrancar mi corazón, y aunque no lo logró, por dentro algo se deshizo. Era tal el desencanto que en mis ojos saltaron venas, rojas cual sangre efervecida, indefensa, sin poder hablar y rodeada de aquellos seres que pensaba me ayudarían, pero no. Solo uno de ellos, el mas sabio, intentó menguar aquellos disturbios. Pero no resultó. ¿Como podia serlo si no podía comunicarme? ¿Como podia ser si eramos seres diferentes y por dentro se había destruido aquello que nos unia? No, ya no había más que seguir adelante, pero no podía. Era una bomba de tiempo, estaba por estallar, y alli a donde me acercase destruiria, lastimaria, habria revuelo y sonidos estridentes, pánico, llanto, dolor. Asi que me arrastre lo mas lejos que pude, sola con el corazón disuelto, la piel lastimada, la mente retorcida hasta llegar a la piedra. Me abrace a ella y todavía espero explotar.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Señoras y señores, me he enamorado.

Señoras y señores, me he enamorado. Algunos pensaran que estoy errada al entregar tan importante estado a un recién conocido, pero ¿han visto ustedes la forma en que tan delicadamente acaricia mis mejillas luego de un dulce dulce beso?¿son capaces ustedes de descifrar realmente que su confeso cariño es un engaño? Señoras, es necesario que entiendan que cada palabra suya es motivo de mi sonrojo y por dentro, al mirarlo siento que el corazón galopa a tal velocidad que podría dar la vuelta al mundo en solo un segundo. Sus ojos, sus ojos son tan dulces que hasta el mas glotón se empalagaría con solo mirarlos un instante y me hace sentir que entre sus brazos en Mundo es infinito, inagotable, eterno.
Señores, debo decirles que fue quien sacó de mi cuerpo la agonía cruel del desamor. Saben ustedes, que cuando un corazón esta vacío, solo, cuando un corazón va errante por senderos oscuros, todo lo que hace lo lleva al recuerdo, a la melancolía, al reencuentro con amantes anteriores que solo a uno lo pisotean, lo utilizan. Bien saben ustedes, caballeros que mi dolor y mi amor pasado fue sincero, que hubiera dado hasta el último sorbo de mi alma por salvarlo. Porque mi amor era entero pero no pude hacer nada y quede a la deriva, y a la deriva estaba con anhelo, con añoranza. Pero por fin años pasados, meses agonizados, vi una luz entre la neblina y volví. Quizás no sea como siempre, las cicatrices no se borran del todo, quizás no sea pura pero mi amor sigue siendo inocente. Quizás no sea él un caballero perfecto, pero me ha resucitado.
Entonces, a todos los presentes, damas, caballeros ¿no les es suficiente con sentirme feliz?¿no les alcanza con ver mi sonrisa que hace tanto había apagado, negado, censurado?¿no seria suficiente si les juro, les prometo, les testifico que realmente él es un bien en mi vida, que me llena de esperanzas y de amor?¿seria poco si les dijera que cada una de sus caricias me devuelven a la vida?
Señoras, señores, simplemente me he enamorado y espero solamente que lo entiendan.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Simulacro de tu cuerpo.

Hay un rastro en mi cama. Un rastro de tu cuerpo, de tu piel extensa y húmeda.
Hay un rastro de tu ser entre mis sábanas desprolijas, arrugadas, revueltas por un torbellino que lleva tu nombre.
Me cubre, tu huella me abriga y me protege, trepa segura y poderosa por cada parte de mi, yaciendo al fin, en la almohada, como quien no duerme en noches enteras buscando por cada medio hacerlo y fallando. Yace tu rastro susurrando en mi oído palabras dulces y tenebrosas hasta el amanecer. Y cuando desaparece ese simulacro de tu cuerpo, ¡juro enloquecer cada vez que sucede! Se aleja el sueño a distancias inalcanzables y me deja sola, errante, en vela, hasta que otra noche un sorbo de tu calor me acompañe.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Ahí estas otra vez.

Ahí estas otra vez, llenando tu sangre en exceso con alcohol. Ahí estás otra vez, cegando tu drama diario, sin luchar la realidad. 
Ahí estas otra vez, defraudando nuestro brazo fuerte que pelea cada baja, que se esfuerza para crecer. 
Así te encuentras de nuevo, vaciando botellas, apilándolas como murallas a tu alrededor, cerrandote al paso como si fuéramos tu propio peor enemigo. Golpeándonos duro con cada frase insulsa y deshilachada que sale por tu apestosa boca.
Así terminas de nuevo, vomitando cada historia como si fueran sufrimientos, como si nunca las hubieras dejado atrás, como si nunca hubieras aprendido de ellas, como si fuera tu entorno quien deba pagar tus deudas.
Y así vuelves de nuevo, a derrocarte del trono, a quitarte el respeto, a obligar el aislamiento, el dolor, la vergüenza. 
Así vuelves de nuevo a destruir tu humilde imperio y olvidas en cada botella el coraje que tanto admiro, la valentía con la que te tildaba, el amor que te tengo.
VUELVE QUE TE ESPERO, no defraudes mi confianza.

lunes, 10 de noviembre de 2014

También estoy sola.

También estoy sola... sí. Estoy sola en mis silencios, tan profundos y confusos, en mis gritos desesperados y agonizantes. Estoy sola, cuando por las noches la cama simple, se hace triple y un frío exagerado me atrapa por las rodillas... estoy sola cuando me abrazo a la almohada también.
A veces, el desayuno no está hecho, y me complazco mis propios gustos, pero la comida sobra, y el desayunador se torna inmenso, y el departamento cruel y silencioso, como en una película de suspenso.
A veces, los paseos son a mi elección, por supuesto, si los musicales me encantan, pero las filas se multiplican de manos tomadas, de cinturas rodeadas, de imitaciones baratas de canciones de amor, y otra vez me siento sola.
Alguna vez, el trabajo va muy bien, los estudios, los esfuerzos, resultan, y salir a festejar es la mejor parte cuando llega un viernes y el sol cae. Y me peino el cabello, resalto mis ojos, subo unos cuantos centímetros, (intentando acariciar estrellas) y me vuelvo hermosa. Volteo al espejo y soy hermosa. Salgo a la calle, y me siento hermosa, pero también estoy sola, y siento miedo de salir. llego rápido a un bar, algunos se rozan las mejillas, otros rien a volúmenes por demás molestos, pero ríen. Otros tantos, nos sentimos solos y nos conglomeramos en la barra. 
Asientos individuales, hombros exhaustos, cabezas bajas. Piernas lustrosas, largas y demasiado accesibles. Mirenlos ahí, tantos de ellos, hombres, mujeres, por docenas, solos. 
También estoy sola. Cuando abro la puerta de mi casa, la oscuridad se vuelve inmensa. No hay palabras de recibimiento, ni abrazos en la cama, ni besos en la ducha, ni juegos en el desayuno. Me encuentro sola, como tantos miles y miles y miles y miles... 

lunes, 27 de octubre de 2014

Extinta.

Quise extinguirme. Es cierto, lo aseguro. Quise desaparecer porque era cierto, era el fin de todo... nuestros sueños, nuestros esfuerzos, nuestras palabras, las confidencias, las risas, los abrazos, las lágrimas, todo. Todo al caño. Todo desapareció.
Ya no era nada. Nada de lo que recordabas, nada de lo que querías. 
Una explosión, y todo, fue añicos. Lloviendo entonces, partes diminutas, como papel picado, aquello que habíamos dado. Mi mundo se cubrió, espeso, y quise tirarme sobre esa lluvia de papel, quise buscar el suelo, ese que con pies descalzos nos gustaba andar, y ahora no encontraba.
Recostada sobre un colchón de historias destrozadas, nuestras (tanto tuyas como mías) algo más fuerte, filoso y veloz me atravesó. 
Un cuerpo desangrándose...  sangre, oscura, tiñéndolo todo, abandonándome por completo. Allí donde tu abrazo más sincero pudo cicatrizar el surco más inmenso, el frío hizo de lo suyo, y comenzó a penetrarme profundamente.
Viva aún, convulsionando sobre el mundo que se desarmaba al rededor, te esperé, cada vez más fría, hasta en los momentos más agónicos.
Y no llegaste. Ya no estabas. Ya no importaba, el frío también carcomió tu ser... 
Morí, en un mundo inexistente, lejos de tu fiel calor, que hacía tiempo, se había alejado de mí.

viernes, 26 de septiembre de 2014

El temblor.

Tiemblo porque afuera hace frío y adentro hay un fuego poderoso.
Tiemblo porque soy miedo y quiero saltar al vacío.
Tiemblo porque pensé que estaba muerta en esta vida y era mentira,
estoy mas viva que nunca.
Tiemblo porque tengo ganas,
porque me sonrojo con tu voz,
porque desperté y vi luz.
Tiemblo porque es extraño y me gusta,
porque lo rechazo y me atrae el doble.
Tiemblo porque lo siento nuevo, porque soy crédula,
porque, porque quiero y quiero con fuerzas.
Tiemblo porque quiero creer y caigo y me levanto
y me cura las heridas.
Tiemblo, y me abraza, hasta que pase el temblor.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Carta I

Querido:
              Sé que hace tiempo no cruzamos palabras, que hace tiempo no utilizo parte de mi tiempo para sentarme y escribirte otra triste epístola. Sé que hace ya, algunos meses he dejado de pensarte tanto como antes... antes, cuando pensarte era una necesidad como lo es respirar, pero ahora mis aires son diferentes, aunque te siga amando.
             Sé que siquiera he sido capaz de contarte que llegué a la meta: volver a mí misma. Sé que siquiera quise pensar que todo fue obra tuya, ¿o del destino? No importa, es una buena jugada.
            Entonces, debo decirte que es diferente, que habla diferente, besa diferente, sus ojos son totalmente contradictorios. Casi puedo comenzar a descifrarlo a través de señas, casi que puedo entenderlo con los ojos cerrados. Él ama diferente, pero, ama, ¿no es eso ya suficiente? He llorado en sus brazos, he reído a carcajadas hasta que el estómago empieza a doler. Comienzo a sentirme fuerte a su lado, aunque me muestre débil para recibir su cuidado. Es alguien antagónico a lo que eras, es alguien opuesto a lo que buscaba, pero, es real, quiere, siente, cuida, se preocupa... está acá, ahora. No quiero dejarlo ir.
           Entonces debo admitir que le hablé de nosotros, de vos, de mí. Le conté los límites de mi alma, y despacio, con cuidado, los va borrando; los comprende, nos comprende. Gracias.
           Entonces, debo decirte que lo quiero, lo quiero aunque sé que el tiempo es tirano y escaso y aunque el terror me invade a cada segundo, no quiero evitar sentir. Tiemblo de miedo, pero no me importa. Es un poquito de luz después de haber andado tanto tiempo en la oscuridad.
           Sé que hace ya muchos días que no cruzamos palabras... bueno, que no te las dedico. Sé también que hay algo dentro que me dice que estás huyendo de mí, para llegar a tu cielo, para volverte otra estrella más. Sé que todo esto lo hiciste para ambos. Tu alma es libre ahora, los recuerdos los guardaré por siempre en alguna parte remota de mi cuerpo, donde pueda ir en viajes veloces a recordarte, a abrazarte, o simplemente a mirarte.
           Entonces, querido, prometo escribirte más seguido o susurrarte palabras en el viento, sólo para agradecerte y decirte, que él me hace feliz. Soy feliz.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Inseguridad.

Es caótico mi entorno, siempre oscuro y tormentoso. Lleno de temores y agresiones, siempre tan violento, siempre tan cruel.
Es tanta la paz que me da tu luz que el dolor se amaina cada vez más cuando la siento. Es alegría que disipa los males, las agujas en mis sienes, el pánico se detiene.
Es tan grande el miedo que siento cuando no estás que me ciego. Tropiezo, titubeo, cometo errores, rompo todo a mi alrededor. Genero mas caos.
Caigo en un espiral sin fin de desconfianza e inseguridad por saber si volverás... y siempre vuelves. Al menos ahora, vuelves. No quiero perderte.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Sol

Un sol danzaba, radiante, abanicando calor por todo al rededor. 
Los hombros se relajan, las sonrisas viven. Soy vida.
Tus manos me encuentran; cinturas se regocijan, cabellos se alborotan.
Subes hasta mi cima, encuentras un cielo nublado, estancado. Sos viento. 
Con un solo soplido disipas todo lo oscuro. Soy cielo azul.
Soy azul, y brillo, energía, giro, vivo, siento.
Renacer.
El capullo se abrió, los pétalos se abren y los colores palpitan. 
Existo.
Late, entonces, algo dentro que dice 'todo está bien', y ya no hay dudas,
ni tristezas, ni miedos.
Ahora sé.

viernes, 15 de agosto de 2014

Sky.

Puede que ver el cielo sea liberar mi alma. Siempre tuve esa afición por mirarlo; de día, me gustaba ver el azul-celeste que invadía la vida, como si fuera un pañuelo de seda, perfecto, suave, intocable. Tan lejano parecía, que más deseaba tocarlo. En las noches, ese pañuelo, bajaba al océano y se teñía de sus más oscuras profundidades, se adornaba de pequeños fuegos, y brillaba durante muchas horas, eternas. Me gustaba creer que esas luces eran mis deseos, mis sueños, mis esperanzas.
Cada vez que me sentaba en algún lado y miraba hacia arriba, lo único que podía pensar era en eso, en lo que veía, en la nada, en todo.
Me gustaba sentarme en las alturas y observar como el día se iba fundiendo con el cielo, como se unían, como dos cuerpos que se juran plenitud en un mismo acto, unidos sólo por el hecho de saber, que sin el roce de uno, el otro se vería perdido; unidos sólo por su inmensa quietud o su dolor. Por todo ello que no pueden decirse pero si expresar cuando se unen.
Me cuelo bajo sus pieles y me paro en sus huellas. Puedo ser cielo, día y noche. Puedo ser un abismo, o la plenitud del mar, la oscuridad del océano. Puedo ser cualquier cosa que ellos me dejen, un claro puro y calmo, un claro alborotado de nubes, un rojo fuego, ardiente y febril, o un azabache, oscuro, brillante, con pintas de plata al rededor... puedo ser lo que ellos quieran,   porque SER es lo único que puedo hacer en mi vida.

viernes, 8 de agosto de 2014

Antes, después, ahora.

Ya no quiero que anochezca, el atardecer me acecha. Ruego que el sol no se oculte otra vez, no quiero agonizar esperando el alba nuevamente.
Mi cuerpo, mi cuerpo ahora es hielo, es un témpano, tirita. Ya no hay fuego que lo encienda, ni capaz de derretirlo.
Ahora soy frío, un frío mortuorio por dentro, desde la cabeza hecha cenizas hasta el estómago, anudado con mil vueltas. La piel congelada, la cara tiesa, los músculos rígidos.
Ahora no soy. Ahora duele, pero no soy dolor. Ahora grita por dentro, pero se ahoga. 
Ahora nadie llama, ahora soy silencio. Ahora no necesito y a la vez padezco de necesidad.
Ahora odio, recrimino, lastimo.
Ahora amo, recuerdo, tirito. 
Ahora
ahora
ahora.
Antes, antes era mar calmo, o enfurecido. Antes el sol y mis aguas jugaban sutil y seductoramente sobre mis caderas cada día. 
Antes amaba. Antes gritaba. Antes vivía.
Antes paz,
Antes eterna,
Antes gloria.
Después el Mundo se detuvo. Hubo una pausa en la oscuridad. 
El sol me traicionó, y rasguñó mi cuerpo.
La herida sangraba, un desgarro desde adentro que no puede cicatrizar.
Me alejo.
Lejos,
inalcanzable.
Abandono.
Tristeza,
llanto,
soledad.
Antes,
después,
ahora.
Atardecer nunca más.

lunes, 21 de julio de 2014

Pesadilla.

Está oscuro, demasiado oscuro. Pasaron pocas horas del día, pero está totalmente oscuro. Atravesar la puerta, es un miedo constante, pero lo haces. Y sigue oscuro.
Comienzas a andar, hace frío, los huesos te duelen, la cara te quema, las manos se endurecen. No importa. El oxígeno se hace hielo, sentís que te arde hasta la sangre, pero seguís caminando. Una cuadra menos.
Levantas la vista intentando distraerte de ese invierno cruel que se pega en tu cuerpo, y te das cuenta de otra cosa... los árboles, los árboles son animales, se agitan primero suavemente, imperceptibles, casi como intentando tocarte. Te aterra. Paras. Giras en círculos y vuelves a mirarlos. Ahora son rudos, son malos, bestiales, dañinos; se sacuden tan audaces y violentos que algunos logran atraparte, rozarte, azotarte con sus brazos, sus hojas, sus ramas. Dos cuadras menos.
El aire empieza a entrecortarse; vuelves a detenerte, te apoyas sobre tus rodillas... uno, inhalo, dos, exhalo, tres, inhalo, así, hasta diez. Te calmas, pero el aire no vuelve, la cabeza te da vueltas y los árboles siguen intentando secuestrarte. 
Recobras la postura con los ojos cerrados, levantas más la cabeza, y recién ahí los abres... empeora. Mil puntos. Mil puntos, un millón de puntos, incontables, incansables, ansiosos, abrazadores, mirándote, hostigandote, a cada paso, a cada centímetro... no, no, no. No las estrellas. No. Respiras bocanadas de aire, tu nariz no es suficiente, y te sientes acosada. Corres. Las estrellas siguen fijas, como increíbles ojos sin parpadear, que te observan a cada movimiento, te persiguen, no te tocan, pero tampoco dejan de mirarte. Solo una cuadra más. 
Tropiezas, increíblemente con una rama ubicada de manera estratégica en el suelo. No pudo atraparte. Pudo lastimarte. 
Tu cabeza retumba, dura, sólida, contra el asfalto. La espalda duele, las manos se paralizan, el aire es sumamente escaso y ahora, la visión, en la oscuridad, es nula. SOLO ES UNA CUADRA MÁS.
Con esfuerzos increíbles, estás de rodillas, mirando hacia atrás, donde yacen cercanas las cuadras que atravesaste. Esa sensación de que te siguen, sin importar cuan lejos estés, es cierta. Te siguen. Están detrás de tu espalda, a cada rápida mirada podes sentirlo... podrías verlo, pero no ves. 
Logras ponerte de pie, y sin sentido, corres, corres, prácticamente ciega, renga, sin aire, con los pies dormidos, con la espalda lastimada.
Haces un último esfuerzo y tu vista te regala, frente a vos, a solo unos metros, la salvación. Una puerta. Lo lograste. 
Te detienes, estás agotada, realmente agotada... sientes un mareo absoluto. Las piernas, dejas de sentirlas y caes de cara al suelo... te ahogas, el aire no llega a tus pulmones... pierdes la conciencia, te desmayas... tal vez, mueres. 
Boca arriba, el aire vuelve, la vista, las manos y las piernas se sienten. Todo es calma, ya no está oscuro. El mundo dejó de atacarte. Sólo fue otro mal sueño.

domingo, 29 de junio de 2014

Fronteras.

Nunca creí que entre todos los caminos que pudiera emprender, ésta sería la manera de terminar el nuestro.
Entre tanto ruido, las paredes que construimos comenzaron a caer, y a golpear. 
Entre tanto escándalo, otro camino a seguir, separándonos, convirtiéndonos incompatibles, lejanos, distantes, fríos... 
En el pasado, los límites se habían borrado. Todo juego valía, toda risa correspondía hasta en el peor de los momentos. Ahora, cuanto más separados estamos, los límites se tornaron más precisos. Comprendí entonces, que debía pedir permiso hasta para decir 'hola', que debía atravesar valientemente extensas líneas para conseguir un abrazo sincero, una palabra de aliento... que había perdido todo, que habías cambiado mucho.
Nunca creí que mi camino estuviera tan separado del tuyo.
Un par de ladrillos más en el suelo, la ventana se transforma en portal, y nos separa, infinitamente. 

jueves, 12 de junio de 2014

Enroscado.

Estoy otra vez, acá. Intentando encontrar algo. Algo que no estaba bajo las pilas de ropa retorcida en mi habitación. Algo, que no estaba entre los tantos renglones subrayados de celeste, ni en ninguna parte de las redes conceptuales que había trazado durante el día.
No estaba en la ducha, no estaba dentro de mis zapatos, no estaba en el fondo del plato, no estaba entre mis cabellos enredados... aparentemente tampoco se encontraba entre mis almohadas, entre mis sábanas. 
Me encuentro otra noche, y el viento me doblega aunque esté protegida. Estoy desconcertada, dando vueltas hasta donde no se debe, intentando atraer algo que no encuentro hace mucho tiempo. 
Las rodillas se atascan entre las tantas frazadas, y el insomnio calza sobre mis hombros. Me obliga a sacar eso de mi mente que de a poco se transforman en oraciones... sin sentido quizás, y deseo profundamente que existiera alguna máquina que pudiera cifrar esos pensamientos y guardarlos, así tal vez, podría divagar hasta lograr fundirme en extraños sueños, quizás al día siguiente, no me resignaría por no haberlo escrito.
Andaba buscando, y no decidía que era mejor, encontrarme o perderme. Porque no sabía si era mejor, seguir entendiendo las consecuencias de mi decisión, o simplemente escapar, y escapar, huida tras huida, de mi misma, hasta que, de los cimientos caídos, surgiera una nueva yo.
Estaba buscando algo, otra vez, la noche se estrellaba en mi pared. Las luces pequeñas titilaban cuando el viento tambaleaba mis cortinas, pero seguían fijas. Sentía lo mismo ¿Sentía?
Realmente intentaba encontrarlo ¿Verdad? Eran piezas esparcidas de un rompecabezas que me arañaba la conciencia y me hacía volver. ¿Por qué tan libre? ¿Por qué tan sola? ¿Por qué contra la corriente? ¿Por qué siempre quería ir en contra de los demás? ¿Por qué no lo hacía?
Estaba otra vez, la almohada asfixiaba mi pequeña nariz. La lluvia no cesaba, el viento, siempre intenso traía y alejaba mis pensamientos. 
Otra vez, las mismas sábanas, los mismos intentos... intentos de buscarse, o perderse. Con mas ganas de extraviarse que de volver a su centro.

sábado, 10 de mayo de 2014

Corriente alterna.

Era algo sistemático: levantarse a oscuras, apagar el despertador, somnolienta, atravesar el pasillo con la cabeza baja, mirando el suelo. Desayunar. Escuchar entre trago y sorbo algo en la televisión. Lavarse la cara, los dientes. Ir a estudiar.
Todo era rutina. No sentía que algo de lo que estuviera haciendo fuera necesario. Podía no levantarse al igual que no levantar las persianas; podía no comer, al igual que no levantar la mirada del suelo. Podía no estudiar, al igual que no se miraba al espejo. Había dejado de sentir. Era fría, sistemática. Casi un robot, una máquina. Socialmente programada.
El corazón estático y rígido y el amor que perdió o escondió alguna vez en el placard.
Ya no sentía y nadie le transmitía la electricidad que necesitaba para poder disfrutar.
Tal vez si abriera las ventanas, si levantara la cabeza, si viera lo que otros ven en el reflejo del espejo. Tal vez si no huyera de sí misma...

miércoles, 7 de mayo de 2014

Cada noche.

¿Por qué estás tan vivo en mí y tan muerto en la realidad? Me vuelvo masoquista cada noche, y en las mañanas pido no volver a verte.
¿En realidad estoy tan vacía? Medio cuerpo te reclama y siente un abismo desde hace tiempo, y no para de suplicar que vuelvas en verdad.
Duele tanto, tenerte por las noches y dejarte ir en el amanecer, que quisiera no despertar algunas veces.
¡Basta! Ruego ahora, que soy consciente de cómo me duele el cuerpo, de cómo se me retuerce el corazón. Pero a las noches ando rogandote que vuelvas y me abraces, que no me dejes más sola. Te busco entre mis sábanas, todo el tiempo. No quiero dejarte ir.

viernes, 2 de mayo de 2014

Enfrascada.

Estaba encerrada. Abrí los ojos y me vi, mi reflejo, tan cercano, tan ilusión.
Estaba rodeada, podía ver mi respiración.
Volví a ver mi reflejo, tan deshecho y corroído, que quise tocarlo, pero no podía moverme.
Estaba enfrascada. Aislada. Tan cerca de mi misma, que sentía mas terror de estar dentro de ese cilindro, que la selva de cemento misma.
El oxígeno seguía transformandose, tornandose tan denso, que hasta dejé de verme. Eso que tanto odio me daba, ahora desaparecía... ¿O acaso era yo la que se desvanecía, poco a poco? ¿Era aquel reflejo lo que aborrecía, o era la verdad, la escencia de esa imagen lo que tanto asco me daba?
Dejé de ver. El aire era tan denso... Estaba a punto de desmayarme cuando una fuerza salió desde el fondo. Volví a luchar. Necesitaba salir.
Mi cuerpo despertó de ese estado de paralisis y comencé a empujarme, golpeaba los lados. No importaba lo diminuta que fuera, ni el miedo, dolor, odio, ni otro sentimiento me invadiera. Nada iba a sacarme la posibilidad de alejarme de eso que tanto me ahogaba. Así que lo rompí.
Rompí esa prisión de vidrios.
Golpeé contra el suelo, y el dolor generó tanto placer, que no importaba. Era inmune.
Me levanté del suelo. Que lindo era respirar! Y el Sol! Corrí. Corrí lejos. Tanto que ya no distinguía horizontes ni suelos.
Estaba encerrada. Abrí los ojos... ¿O los cerré?

jueves, 24 de abril de 2014

Poder.

Quería escribir, tenía la mente cargada. 
Hice el esfuerzo de sacar las manos de los bolsillos, sentí los dedos entumecerse mientras esperaban bamboleantes sobre el teclado. Nada.
Busqué entre archivos viejos, quizás podría subir algo que había escrito hace años. Nada.
Estaba en una encrucijada, si dejar fluir mi mente o seguir apretando las sogas que la rodeaban y controlaban.
Sentía allí que algo no dejaba que respirase, y eso me volvía mas ciega aún. El frío comenzaba a subir por mi cintura, cruelmente desvestida, y llegaba a hasta mi cuello que tironeaba en cada movimiento inadecuado. 
Quería escribir, mi corazón latía fuerte. Estaba escondiendo cosas al mundo, a mis cercanos, a mí misma. Seguía oprimiéndose mi pecho hasta dejarme boquiabierta, jadeante, rogando un poco de libertad.
Necesitaba escribir porque estaba enojada, y triste, sola y acompañada, y hacía frío y era tarde, tenía insomnio y estaba asqueada de todo. 
Tenía esas inmensas ganas que te invaden, y que de la nada se apoderan de tu cuerpo y hacen todo. Se desangran sobre hojas, apuñaladas por tantas palabras que, no sabíamos, estaban adentro nuestro. Se desquitan y envenenan todo, lo escupen, y se relajan. Caen libremente, planeando y mirando lo que hicieron desde lejos, regocijando de placer por haberse deshecho de todo eso que tenían dentro y que concientemente no podías hacer. Son asesinas, liberadoras. Son palabras.
Quería escribir. Necesitaba hacerlo. Lo reprimí, me reprimieron. Cerré, abrí los ojos. 
Mi mente vacia.

viernes, 18 de abril de 2014

NO SÉ.

Ya no sé que es, si decir "extrañar" o "recordar"; no sé si son ambas o ninguna.
De apoco se me llena la cabeza de esa tristeza inconciente que sólo noto en las noches de ahora, cuando el insomnio y el frío hacen sentir partes de mi cuerpo que creía extintas desde que las abandonó tu calor. De pronto, ese dolor hace fuerza y baja hasta mi pecho y lo siento ahí, punzante, ardiente, infinito.
¿Será imposible curarlo?¿Será sano dejarlo salir?
Empieza a acelerarse entonces mi pulso. La sangre se entumece y el cuerpo se paraliza. Lo que estaba bien ahora me enferma y hasta me ahoga en lágrimas que se evaporan por dentro, que se encadenan a mí, sin poder morir en una erupción en los ojos. Lo que amaba ahora me condena a mirarme en un espejo sin reflejo por tener el alma vacía y sin poder recuperarla...
No sé si es un recuerdo. No sé si es extrañarte.
Es amarte por demás en las huellas de mi piel. Es volver a ser por un instante, fuerte y frágil, y eterna y fugaz, enredada a la fuerza de tus labios.

domingo, 30 de marzo de 2014

Calesita.

Girando. Así me siento, como si estuviera dando vueltas sobre mí mismo. Todo se mueve, rápido, demasiado rápido. Se vuelve borroso. 
Las luces se transfroman en líneas curvas, los rostros se desvanecen ante la locura de mis volteretas. Ya no hay formas, no hay rostros conocidos... estoy perdido, perdido en mi cabeza.... que no para de girar.
Quiero frenarlo, pero no puedo. Va demasiado rápido, apenas si tengo fuerzas en mis manos, apenas alcanzo a verlas. ¡Duele! si, por supuesto que duele. Me duele el estómago. Me duele la cabeza. Me duele respirar. Me duele vivir. 
Sigo en mi órbita, creo que voy a desmayarme. No puedo detenerme. ¡ESTOY TAN SOLO! 
Escucho voces fuera, no las entiendo, no sé que dicen ¿acaso no ven que estoy atrapado?¿no quieren ayudarme?
Voy a rendirme. Mi cabeza va a estallar.
Siento latir mis sienes. Cuentas, estudios, amores, errores, peleas, gritos... ¡AUCH! no paran, no paran. No me dejan parar.
Y quiero parar. 
Siento que es el fin, las luces se vuelven blancas hasta envolver la habitación... cierro los ojos y me entrego...
Un golpe seco me despierta. Estoy desparramado sobre el suelo. Quieto. Absolutamente quieto. Nada se mueve y con un orden sincrónico y lento las figuras vuelven a acomodarse. Distingo colores, y veo su rostro... es claro, no podía dejar que me perdiera. Supo salvarme de esa 'calesita' eterna.
Dejé de girar y todo empezó a acomodarse... ya no latían mis ideas, latía algo mas fuerte. Latía una pasión.

jueves, 20 de marzo de 2014

Breakaway.

Tenía mil colores y no podía verlos.
Sentía un rojo, acumularse en su pecho cuando alguien acariciaba su cuello. Un azul profundo cuando la melancolía la invadía, sola, un día de lluvia, viendo por la ventana.
Un verde que hacía vibrar cuando en sus ojos una luz de imaginación aparecía, o un amarillo explosivo cuando había logrado sus metas. Mil colores, gamas, en degradé. Del blanco al negro, todos dentro suyo.
Pero no los dejaba ser.
Era gris. Siempre.
No importaba cuanto lo quisiera, estaba mal. Ella quería ser un arco iris, pero estaba mal.
Quería ser luz, pero no debía.
Quería ser alegría, pero no lo merecía.
Quería ser feliz, pero no estaba preparada.
Quería ser alguien, pero estaba encadenada.
Hasta que una día explotó! La cuenta llegó a cero. Se le terminó el tiempo y voló por los aires. Lo llenó todo de esos verdes esperanzadores, de esos rojos pasionales y de esa luz amarilla hasta que los dejó ciegos.
Nunca imaginó poder romper con sus propias cadenas, pero lo logró, y ahora era todo eso que ella quería. Dejó su pasado atrás y fue vida.
Ahora podía respirar, profundo, fuerte. Ahora nadie iba a decirle si estaba errada. Ahora, podía ver por sí misma.

miércoles, 19 de febrero de 2014

¿Por qué?

¿Por qué ser diferente está mal?¿Por qué hacer las cosas de otra forma tiene que estar mal?
¿Por qué ser uno mismo duele y lastima tanto?¿Por qué hiere tanto la decepción ajena?
¿Por qué si son mis marcas a vos te duele?¿Por qué mis cicatrices te desagradan?¿Por qué dejar ser cuesta tanto?
¿Por qué extrañar es mas fácil que perdonar?¿Por qué amar es más fácil que olvidar?¿Por qué tus palabras matan más que un arma?
Un 'por qué' detrás del otro, una lágrima que se transforma en dos... en tres.
Querer, hacer, vivir, sentir... ser. ¿Por qué es tan difícil aceptar?

martes, 4 de febrero de 2014

Bomba de tiempo.

Sentía en mis cienes como latía. Era un reloj que me jugaba en contra y no podía detenerlo.
Ir a un mismo punto y volver, era todo lo que hacía en mi rutina. Ansiaba desesperadamente llegar a mi casa y dormir. Sólo; si, sólo.
Cerrar las puertas, apagar las luces y olvidarme de todo con lo que lidiaba en mi vida diaria, en lo cotidiano. Encerrarme, olvidar quizás.
Pero hay cosas que uno se va aprendiendo, y una de esas cosas, tal vez la mas importante, es que no podemos huir. Si hay algo que está mal, no podemos dejarlo atrás. Es como si eso malo estuviera pegado a vos y la única manera de sacartelo de encima es enfrentandolo.
Algo estaba mal, se había pegado a mí, que no importaba cuantas horas durmiera, ni que tantas horas me desvelara, ni que tan fuerte riera, siempre estaba ahí. Pero no quería enfrentarlo. Así que empecé a sentirlo.
Algo dentro mío sentía que estaba, pero lo callaba, y ya no importaba.
Empezó a latir. Cada vez más rápido, como si fuese a explotar. Comenzó pareciendose a unos pasos pacíficos, y terminó pareciendose a un tren, a toda velocidad, sin frenos, sin detenerse.
Tenía miedo. De verdad tenía miedo. No entendía que sucedía. No entendía el por qué. Si había hecho algo, o nada, si había olvidado algo... no lo sabía.
En un instante, dejó de latir dentro de mi cabeza. Ya no estaba allí, no había sonido... pero todo estaba oscuro... había explotado, había terminado.

domingo, 19 de enero de 2014

Efecto climático.

Siempre hay tormentas. Siempre después del sol. 
A veces, uno sabe que las cosas van demasiado bien y no se imagina que días después una tormenta va a caer. Uno no lo decide, no lo calcula.
Es por eso que sé que algo anda mal. No siempre, no hoy, no mañana, pero si de vez en cuando. Cuando estar acompañada se vuelve molesto, cuando la música toca tus puntos débiles y lo único que queres escuchar es puro silencio, cuando, cuando simplemente no podes vivir el momento. Cuando nada de lo que haces te hace feliz. Cuando no podes elegir. Ni vivir. Es ahí cuando algo anda mal.
Porque uno puede disimular perfectamente, decir que todo va bien, que no le duele nada... uno puede resistir varios días, semanas tal vez, pero llega un punto que el dolor se vuelve tu propia persona. Se adueña de vos y se transforma en tu día a día. Te consume, te reprime, te encierra dentro tuyo y se adueña de tu ser, y no te deja ser libre.
Es por eso que siempre hay tormentas, porque uno no puede vivir con el dolor atado a su cuerpo, a su alma. Uno necesita ser libre, ver el sol, vivir el momento... pero, al menos por ahora, la tormenta sigue ahí, formándose por dentro. Creo que en cualquier momento volverá a llover.

domingo, 12 de enero de 2014

Explosión.

Amarte me vuelve fuerte y a la vez me destruye.
Amarte es una fuerza interior, que quema y en el reflejo de tus ojos se intensifica, se vuelve imponente, me aterroriza; me desmorona.
Lo que siento es la barrera a la eternidad que tanto nombro cuando digo 'te amo', porque mi único deseo estando a tu lado es un amor terrenal y pleno, enredándome a tu espalda, creciendo fugazmente hasta la orilla de tu boca, explotando en millares de besos y en kilómetros de caricias.
Es por eso que amarte me quiebra; porque por dentro estallo a cada susurro, a cada toque sobre tu extensa piel... y vuelvo a surgir de los escombros para sucumbir ante tus labios una y otra vez.

miércoles, 8 de enero de 2014

Sueño de una noche de verano.

Ya es tarde y no puedo dormir. El insomnio se ha instalado en mí. Estiro mis piernas, muevo mi cuello; miro mis manos, observo el techo. Nada. Mil cosas atraviesan mi mente en una fracción de segundo; mil cosas menos sueño.
Al fin me siento, abatida y algo frustrada por el desvelo. Me falta el aire. Abro la ventana con movimientos torpes... veo una sombra.
Me asusta.
Aquella sombra está sobre la medianera frente a mi vista. Allí donde se establece el límite entre mi morada y la de mis vecinos de junto. No es tan grande, pero si lo suficientemente oscura como para estremecerme y asombrarme.
De a poco y con movimientos lentos, comienza a crecer. Me acecha. Sabe que la observo y se vuelve inmensa.
Siento ansiedad, estoy perpleja. Sin quererlo, provoco un ruido, me maldigo por dentro, y dos ojos se encienden en esa sombra. Aquellos círculos rojos, fulgurosos, incandescentes, son capaces de hervirme la sangre y helarme el cuerpo.
Rápidamente, y cual niña de diez años, me cubro con las mantas de mi cama, como si fueran un escudo, un fuerte, una salvación a aquel temor que atravesaba cada célula de mi ser.
Me siento segura, y aunque pienso y soy consciente de que aquella mancha con fuego en los ojos, se acerca cada vez más, estoy tranquila.
Cierro los ojos. No pienso, no pienso. No quiero, no puedo. Junto las manos y las aprieto, palma con palma, entrelazando todos mis dedos entre ellos.
Siento como algo aprisiona mis pies y lentamente comienza a atraparme... se vuelve mas pesado sobre mi cuerpo.
La respiración se vuelve más débil... cada vez pesa más y más... es todo lo que recuerdo.  

martes, 7 de enero de 2014

La velocidad de la luz.

Corría, corría. Corría tan velozmente que me transformaba en viento y envolvía ciudades.
Corría, huía, escapaba de mí misma sin ganas de querer mirar atrás.
Brillaba. En el pasado fui luz. Encendía cada sitio y lo sentía único. Sentía.
Algo latía, pero de repente esa luz se volvió oscuridad... y frío... y dolor. 
Fue entonces cuando comencé a correr. Quise buscar la luz, y empecé a caminar hacia otro sitio.
Al principio, allí estaba, despampanante, atractiva, irradiando felicidad. Pero ese fulgor era breve. 
Volvía a correr.
Las luces duraban menos. Sólo mientras corría podía ver como la vida brillaba, como en mi pecho algo latía, como necesitaba respirar, como la sangre se liberaba. No podía parar.
Y seguí corriendo. Conocí muchas tierras y cielos, vi cada noche las mismas estrellas y los amaneceres desde diferentes mares, pero nunca me detuve.
De repente, sin dudarlo, frené. Me quedé quieta, me eché en el suelo, y comencé a reír. Reí, reí tan fuerte, que de mi garganta afloró luz, inesperada, completamente perfecta. Brillaba... de nuevo, brillaba. Dentro mío, estaba escondida esa luz.
Dejé de correr. 
Dejé de huir.
Comencé a vivir.
Fui luz en la risa.