Hay un rastro en mi cama. Un rastro de tu cuerpo, de tu piel extensa y húmeda.
Hay un rastro de tu ser entre mis sábanas desprolijas, arrugadas, revueltas por un torbellino que lleva tu nombre.
Me cubre, tu huella me abriga y me protege, trepa segura y poderosa por cada parte de mi, yaciendo al fin, en la almohada, como quien no duerme en noches enteras buscando por cada medio hacerlo y fallando. Yace tu rastro susurrando en mi oído palabras dulces y tenebrosas hasta el amanecer. Y cuando desaparece ese simulacro de tu cuerpo, ¡juro enloquecer cada vez que sucede! Se aleja el sueño a distancias inalcanzables y me deja sola, errante, en vela, hasta que otra noche un sorbo de tu calor me acompañe.
jueves, 4 de diciembre de 2014
Simulacro de tu cuerpo.
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