sábado, 10 de mayo de 2014

Corriente alterna.

Era algo sistemático: levantarse a oscuras, apagar el despertador, somnolienta, atravesar el pasillo con la cabeza baja, mirando el suelo. Desayunar. Escuchar entre trago y sorbo algo en la televisión. Lavarse la cara, los dientes. Ir a estudiar.
Todo era rutina. No sentía que algo de lo que estuviera haciendo fuera necesario. Podía no levantarse al igual que no levantar las persianas; podía no comer, al igual que no levantar la mirada del suelo. Podía no estudiar, al igual que no se miraba al espejo. Había dejado de sentir. Era fría, sistemática. Casi un robot, una máquina. Socialmente programada.
El corazón estático y rígido y el amor que perdió o escondió alguna vez en el placard.
Ya no sentía y nadie le transmitía la electricidad que necesitaba para poder disfrutar.
Tal vez si abriera las ventanas, si levantara la cabeza, si viera lo que otros ven en el reflejo del espejo. Tal vez si no huyera de sí misma...

miércoles, 7 de mayo de 2014

Cada noche.

¿Por qué estás tan vivo en mí y tan muerto en la realidad? Me vuelvo masoquista cada noche, y en las mañanas pido no volver a verte.
¿En realidad estoy tan vacía? Medio cuerpo te reclama y siente un abismo desde hace tiempo, y no para de suplicar que vuelvas en verdad.
Duele tanto, tenerte por las noches y dejarte ir en el amanecer, que quisiera no despertar algunas veces.
¡Basta! Ruego ahora, que soy consciente de cómo me duele el cuerpo, de cómo se me retuerce el corazón. Pero a las noches ando rogandote que vuelvas y me abraces, que no me dejes más sola. Te busco entre mis sábanas, todo el tiempo. No quiero dejarte ir.

viernes, 2 de mayo de 2014

Enfrascada.

Estaba encerrada. Abrí los ojos y me vi, mi reflejo, tan cercano, tan ilusión.
Estaba rodeada, podía ver mi respiración.
Volví a ver mi reflejo, tan deshecho y corroído, que quise tocarlo, pero no podía moverme.
Estaba enfrascada. Aislada. Tan cerca de mi misma, que sentía mas terror de estar dentro de ese cilindro, que la selva de cemento misma.
El oxígeno seguía transformandose, tornandose tan denso, que hasta dejé de verme. Eso que tanto odio me daba, ahora desaparecía... ¿O acaso era yo la que se desvanecía, poco a poco? ¿Era aquel reflejo lo que aborrecía, o era la verdad, la escencia de esa imagen lo que tanto asco me daba?
Dejé de ver. El aire era tan denso... Estaba a punto de desmayarme cuando una fuerza salió desde el fondo. Volví a luchar. Necesitaba salir.
Mi cuerpo despertó de ese estado de paralisis y comencé a empujarme, golpeaba los lados. No importaba lo diminuta que fuera, ni el miedo, dolor, odio, ni otro sentimiento me invadiera. Nada iba a sacarme la posibilidad de alejarme de eso que tanto me ahogaba. Así que lo rompí.
Rompí esa prisión de vidrios.
Golpeé contra el suelo, y el dolor generó tanto placer, que no importaba. Era inmune.
Me levanté del suelo. Que lindo era respirar! Y el Sol! Corrí. Corrí lejos. Tanto que ya no distinguía horizontes ni suelos.
Estaba encerrada. Abrí los ojos... ¿O los cerré?