sábado, 10 de mayo de 2014

Corriente alterna.

Era algo sistemático: levantarse a oscuras, apagar el despertador, somnolienta, atravesar el pasillo con la cabeza baja, mirando el suelo. Desayunar. Escuchar entre trago y sorbo algo en la televisión. Lavarse la cara, los dientes. Ir a estudiar.
Todo era rutina. No sentía que algo de lo que estuviera haciendo fuera necesario. Podía no levantarse al igual que no levantar las persianas; podía no comer, al igual que no levantar la mirada del suelo. Podía no estudiar, al igual que no se miraba al espejo. Había dejado de sentir. Era fría, sistemática. Casi un robot, una máquina. Socialmente programada.
El corazón estático y rígido y el amor que perdió o escondió alguna vez en el placard.
Ya no sentía y nadie le transmitía la electricidad que necesitaba para poder disfrutar.
Tal vez si abriera las ventanas, si levantara la cabeza, si viera lo que otros ven en el reflejo del espejo. Tal vez si no huyera de sí misma...

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