miércoles, 27 de agosto de 2014

Sol

Un sol danzaba, radiante, abanicando calor por todo al rededor. 
Los hombros se relajan, las sonrisas viven. Soy vida.
Tus manos me encuentran; cinturas se regocijan, cabellos se alborotan.
Subes hasta mi cima, encuentras un cielo nublado, estancado. Sos viento. 
Con un solo soplido disipas todo lo oscuro. Soy cielo azul.
Soy azul, y brillo, energía, giro, vivo, siento.
Renacer.
El capullo se abrió, los pétalos se abren y los colores palpitan. 
Existo.
Late, entonces, algo dentro que dice 'todo está bien', y ya no hay dudas,
ni tristezas, ni miedos.
Ahora sé.

viernes, 15 de agosto de 2014

Sky.

Puede que ver el cielo sea liberar mi alma. Siempre tuve esa afición por mirarlo; de día, me gustaba ver el azul-celeste que invadía la vida, como si fuera un pañuelo de seda, perfecto, suave, intocable. Tan lejano parecía, que más deseaba tocarlo. En las noches, ese pañuelo, bajaba al océano y se teñía de sus más oscuras profundidades, se adornaba de pequeños fuegos, y brillaba durante muchas horas, eternas. Me gustaba creer que esas luces eran mis deseos, mis sueños, mis esperanzas.
Cada vez que me sentaba en algún lado y miraba hacia arriba, lo único que podía pensar era en eso, en lo que veía, en la nada, en todo.
Me gustaba sentarme en las alturas y observar como el día se iba fundiendo con el cielo, como se unían, como dos cuerpos que se juran plenitud en un mismo acto, unidos sólo por el hecho de saber, que sin el roce de uno, el otro se vería perdido; unidos sólo por su inmensa quietud o su dolor. Por todo ello que no pueden decirse pero si expresar cuando se unen.
Me cuelo bajo sus pieles y me paro en sus huellas. Puedo ser cielo, día y noche. Puedo ser un abismo, o la plenitud del mar, la oscuridad del océano. Puedo ser cualquier cosa que ellos me dejen, un claro puro y calmo, un claro alborotado de nubes, un rojo fuego, ardiente y febril, o un azabache, oscuro, brillante, con pintas de plata al rededor... puedo ser lo que ellos quieran,   porque SER es lo único que puedo hacer en mi vida.

viernes, 8 de agosto de 2014

Antes, después, ahora.

Ya no quiero que anochezca, el atardecer me acecha. Ruego que el sol no se oculte otra vez, no quiero agonizar esperando el alba nuevamente.
Mi cuerpo, mi cuerpo ahora es hielo, es un témpano, tirita. Ya no hay fuego que lo encienda, ni capaz de derretirlo.
Ahora soy frío, un frío mortuorio por dentro, desde la cabeza hecha cenizas hasta el estómago, anudado con mil vueltas. La piel congelada, la cara tiesa, los músculos rígidos.
Ahora no soy. Ahora duele, pero no soy dolor. Ahora grita por dentro, pero se ahoga. 
Ahora nadie llama, ahora soy silencio. Ahora no necesito y a la vez padezco de necesidad.
Ahora odio, recrimino, lastimo.
Ahora amo, recuerdo, tirito. 
Ahora
ahora
ahora.
Antes, antes era mar calmo, o enfurecido. Antes el sol y mis aguas jugaban sutil y seductoramente sobre mis caderas cada día. 
Antes amaba. Antes gritaba. Antes vivía.
Antes paz,
Antes eterna,
Antes gloria.
Después el Mundo se detuvo. Hubo una pausa en la oscuridad. 
El sol me traicionó, y rasguñó mi cuerpo.
La herida sangraba, un desgarro desde adentro que no puede cicatrizar.
Me alejo.
Lejos,
inalcanzable.
Abandono.
Tristeza,
llanto,
soledad.
Antes,
después,
ahora.
Atardecer nunca más.